El periodismo aporta a la comunicación algo que no siempre se valora lo suficiente: método.
Verificar, jerarquizar, contextualizar y escribir con precisión no son manías profesionales, sino garantías de claridad.
Trasladar ese rigor al ámbito corporativo implica asumir una responsabilidad con el lenguaje. No todo vale, no todo se dice igual, no todo se comunica del mismo modo. La credibilidad se construye texto a texto.
La comunicación institucional gana profundidad cuando adopta principios del oficio periodístico: respeto por el lector, atención al detalle y compromiso con el sentido de lo que se publica. No se trata de informar más, sino de comunicar mejor.
El lenguaje es una extensión de la identidad. Cuidarlo es una forma de coherencia.





