Existe una confusión habitual entre narrativa y ornamento. Se asocia contar historias con embellecer mensajes, cuando en realidad narrar consiste en dotarlos de estructura, dirección y propósito.
Toda narración eficaz responde a una lógica interna: un orden, una progresión y una voz reconocible. Esto es válido tanto para un documental como para un texto corporativo. La diferencia no está en el fondo, sino en la intención.
La narrativa no añade capas innecesarias; elimina lo superfluo. Clarifica. Permite que las ideas se desplieguen de forma comprensible y memorable. Por eso, trabajar la narrativa no es un gesto estético, sino una decisión estratégica.
Cuando una historia está bien construida, el mensaje no necesita ser forzado. Se sostiene por sí mismo.





